viernes, 11 de noviembre de 2016

EL SUEÑO DE CONOCER A CERATI.



EL SUEÑO DE CONOCER A CERATI.

“MERECES LO QUE SUEÑAS.” (G. Cerati)



Unas semanas antes de llegar a la Ciudad de la Furia, todavía del otro lado del Río de la Plata, en Montevideo. Entrada la noche, volví al hostal, entré al precario cuarto que se ubicaba en el subterráneo de una construcción vieja, la luz que se filtraba por la persiana hacía un efecto de rombos contra la pared, yo tenía la mente inmiscuida en un mar de dudas, bastante aturdida por cuestión de amores, así que mejor me dispuse a dormir, me quité el abrigo y en llamas me acosté.
Después de unos minutos estaba completamente dormido, mis sueños sólo reproducían una rima medio adormecida con todas las palabras que finamente flotaban dentro de mi cabeza y el eco saturado de mis latidos marcaba el ritmo de mi sueño. Fue como a las cuatro de la mañana que de pronto se desordenaron los átomos y lo hice aparecer, estaba frente a la imagen de Gustavo Cerati, quien seriamente me dijo que a él solía encontrársele en cualquier lugar, y que nada era casualidad; le pregunté cómo le gustaba que le dijera (Gus, Tavo, o Cerati), él me dijo que le era irrelevante lo del nombre y  posteriormente me invitó a comer algo, pero aclaro que teníamos que ir a otro lado porque solamente tenía tarjeta y no podía pagar con efectivo en los restaurantes que súbitamente se aparecieron en el escenario de mis sueños; sugirió que nos quedáramos atentos por las siglas de los siglos y de pronto el plan de ir a comer cambió por el de ir a dar un paseo transgrediendo sueños, un paseo tan inmortal como inmoral, eso era como una especie de sueño para mí (un sueño dentro de un sueño). En lo personal no sabía por dónde comenzar el  recorrido, hasta que  busqué detrás del corazón moviéndolo lentamente, de pronto ya estábamos arriba de una lancha navegando juntos, como un par de prófugos.
La vuelta por el universo con este genio musical se entremezcló entre sus letras y mis memorias de viaje. Íbamos por el cauce de un río, muy probablemente en el cielo, donde se sentía que todo giraba: giraba el sol, giraba el mundo, giraba Dios. La pequeña embarcación comenzó a circular por las aguas lentas y marrones en medio de un ambiente selvático lleno de vegetación parecido a lo que yo viví en el Amazonas Ecuatoriano, donde los pájaros eran árboles, en lo idéntico de la soledad; desperdigados por fantasías sin fin, se nos apareció un animal raro, Cerati me dijo que era un animal en forma de canción, una canción animal. De pronto, lapsos del sueño me llevaron a intercalar conversaciones con él, donde el escenario natural se desvanecía quedando atrás, sólo veía su rostro, y se escuchaban sus proféticas palabras que decían así, “siempre fue divertido correr, dejar este mundo detrás y no tienes que esperar a que el tiempo venga por tí, recuerda que  siempre es hoy”.
Estaba concentrado escuchándolo cuando de pronto mágicamente el escenario cambió. Todo era obscuridad, inmersos en medio de la noche, íbamos de nueva cuenta en la embarcación  pero el panorama ahora era muy tenebroso, la lancha comenzó a moverse, las señales luminosas que indicaban los límites de velocidad a la orilla del río comenzaron a balancearse de un lado al otro  a la par del viento, y en la obscuridad del agua comenzaron a brillar las mareas. Cerati sugirió que el mareo que estábamos sintiendo se debía al verde profundo del mar, el aire era sólo un detalle infinito dando vueltas y que ese brillo podría ser el reflejo de las memorias de un amor de ultramar. A primera instancia me resultó complicado entender sus palabras, por lo que me quede reflexionando unos instantes.
Pero el sueño tenía que terminar tarde que temprano, fue así como de pronto se fue en otra lancha distinta a la mía y susurrando escuché decir sus últimas palabras: “No lo sé, ¿cuánto falta?, no lo sé, ¿si es muy tarde? no lo sé, si me olvidas moriré… ¿Qué otra cosa puedo hacer?.....”

Al final este sueño quedó sin resolverse, pero puedo decir que este viaje por Latinoamérica me hizo cumplir el sueño de conocer a Cerati. Los sueños ayudan a hacer cosas imposibles, y uno siempre merece lo que sueña.

Texto inspirado en la admiración que tengo por la música y poesía del genio inmortal Gustavo A. Cerati, por la pasión que tengo por viajar, por las ganas eternas de soñar, y por mi mente que cuando estoy dormido le gusta divagar.

David Herrera González.

Octubre 2016.