Desde que entramos a Uruguay nos propusimos hacer todo lo posible por cumplir nuestro sueño de sacarnos la tradicional foto de las banderas con Mujica, desde que comenzamos a preguntar la gente nos decía que era una persona bastante accesible y que era un gran tipo. Pero las cuestiones burocráticas hicieron un poco más complicado el asunto. De entrada nos decían que podíamos ir a visitarlo a su chacra donde tiene su humilde casa en la que cultiva flores, pero la dirección siempre fue difícil de ubicarla para nosotros, y el llegar hasta allá sin auto representaba un esfuerzo mayor. Pero por otro lado nos dijeron que ahora que él funge como senador, podríamos ir a buscarlo al Palacio Legislativo, así que por varios días fuimos al Palacio a preguntar, la policía de la entrada sin ningún procedimiento nos hacían pasar a la recepción donde todos los encargados nos explicaban que teníamos que llamar a un número para concretar una cita con su secretaría personal, María. Así que después de varias visitas infructuosas decidimos intentar llamar, pero la llamada tampoco nos favoreció pues su secretaría nos tiró abajo cualquier posibilidad de verlo pues el senador estaba muy ocupado ya que al siguiente día estaba por salir de viaje a Europa y regresaba en una fecha muy avanzada para nuestros planes de estancia en el país, así que ese mismo día fuimos al Palacio e intentamos ver si podíamos encontrarlo, la gente de la entrada eran muy amables pero cuando intentaron comunicarse con la secretaría la respuesta fue un rotundo no. Por algunos momentos llegue a pensar que no se iba a dar la foto, pero uno de los recepcionistas del palacio le caímos bien, y nos indicó que esa tarde había sesión y que Pepe tenía que estar, así que nos indicó porque puerta era probable que llegare él. La sesión comenzaba a las cuatro y dicha sesión era a puerta abierta, por lo que con nuestras identificaciones podríamos pasar a presenciarla, así que con un clima nublado y con amenaza de lluvia estuvimos en la puerta hasta las cuatro y no pasó nada, pero en eso se acercó el mismo recepcionista y discretamente nos dijo cuál era el auto de Mujica, nos explicó que en algún momento él iba a salir por la puerta y que allí tal vez podríamos encontrarlo. Nosotros a las cuatro con diez decidimos entrar a la sesión para ver si se encontraba Mujica, subimos las escaleras y entramos, al muy bien decorado, palacio lo primero que vimos frente a nosotros fue a un austero senador, sin corbata y portando una simple chamarra; apenas nos estábamos acomodando cuando se dio por concluida la sesión y tuvimos que salir casi corriendo a esperarlo a la puerta. Estuvimos unos veinte minutos esperando cuando de pronto Luis dijo ahí viene Pepe, nosotros tratamos de reaccionar con calma para no propiciar que ningún guardia de seguridad fuera a decirnos algo, le saludamos con un buenas tardes que fue cordialmente respondido, y cuando le pedimos que si nos podíamos tomar la foto con él y que llevábamos más de un año viajando, Mujica nos dijo “Dichosos ustedes que viajan” , nos tomamos rápidamente la foto, intercambiamos un par de palabras, le dimos un par de halagos y finalmente él se despidió dandonos una pequeña cachetada en muestra de afecto, como lo hacen los abuelos. Al final y después de todo el lado burocrático me encontré con lo que me quería encontrar, una persona sencilla, un verdadero ejemplo de persona a la cual me gustaría que más gente escuchará y se dejará influenciar por su manera de pensar, de vivir, y de interpretar la política y la realidad, pues como el predica, “La única adicción que vale la pena, es el amor”.
domingo, 4 de diciembre de 2016
81. DICHOSOS USTEDES QUE VIAJAN.
DICHOSOS USTEDES QUE
VIAJAN.
“La vida es un viaje. Hay que vivir con lo necesario, pero tener tiempo para vivir.”
José Mujica.
CONOCIENDO AL PEPÉ MUJICA.
Hace
más de dos años en la ciudad de Aguascalientes, México decíamos: “si algún día
llegamos a Uruguay, estaría de lujo tomarnos una foto con Mujica”.
Desde hace algunos años yo dejé
de creer en la política, pues siento que los partícipes de esta antigua
disciplina hace mucho tiempo que dejaron de pensar en el bienestar del pueblo,
ahora todo es cuestión de poder y de dinero, pero en Uruguay hace sólo unos
años tuvieron un presidente que actuaba diferente. José, Pepè, Mujica fue un
presidente ejemplar que mandaba un
mensaje de humildad y de inteligencia al decir que los presidentes deben de
vivir como la mayoría de la sociedad y
no como la minoría privilegiada. Así que desde que yo comencé a saber de él, se
convirtió en mi última esperanza en cuanto al renacer de la política, y es por
ello que para mí representaba un sueño poder conocerlo, estrechar su mano y tomarme
una foto con él.
VAMO´ ARRIBA URUGUAY
Hace
más de dos años en la ciudad de Aguascalientes, México decíamos: “si llegamos a
Sudamérica nos tiene que tocar ir a un juego de eliminatoria para el mundial de
futbol”.
“…Volveremo´ volveremo´, volveremo´ otra vez, volveremo´ a ser
campeones como la primera vez…” (grito de batalla que se escuchaba en el
Estadio Centenario.)
Para dos aficionados al futbol
como Luis y yo, el asistir a juegos en Sudamérica siempre fue un objetivo del
viaje, y más en especial poder asistir a un juego de eliminatoria mundialista
donde pudiéramos ver buen nivel futbolístico y donde se pudiera ver a las más grandes
estrellas del futbol actual. Desde que
entramos a Colombia nos tocaron varias fechas de eliminatorias, pero en ningún lugar
se nos había acomodado ir. Fue hasta que Luis comenzó a predecir que en Uruguay
nos tocaría estar en Montevideo para el juego entre Uruguay y Ecuador, cuando
comencé a pensar que sí se podría dar, y como este viaje ha estado lleno de
sueños cumplidos, el juego no sería la excepción.
El ver a Uruguay representaba la
oportunidad de ver a uno de los más grandes jugadores de la actualidad, Luis
Suarez, pero después me di cuenta que el asistir al Estadio Centenario
representaba mucho más que eso. Uruguay fue el primer organizador de un mundial
en 1930, y el estadio Centenario, con capacidad para 60 mil espectadores, es
considerado por la FIFA como un Monumento Histórico del Fútbol Mundial,
siendo la única construcción con esta denominación en el mundo. Así que estuve
en un estadio por demás emblemático donde por primera vez se realizó una copa
del mundo.
Uruguay ha salido campeón del
mundo en un par de ocasiones venciendo a dos de los equipos más grandes de la
historia, y que además resultan ser sus países vecinos, en 1930 derrotando a
Argentina y en 1950 a Brasil, en el famoso Maracanazo. También ha sido campeón
de quince Copas América y siempre ha ganado cualquier torneo realizado en su
país. Lo que me llama la atención es el estilo de juego uruguayo, ellos no
ganan jugando bonito como lo hacen sus países vecinos, ellos ganan con uno de
los fundamentos más enseñados a todas las persona que alguna vez haya intentado
jugar al futbol, ellos ganan con garra,
no dan ninguna pelota por perdida, corren hasta el último minuto, no dejan
respirar al rival (incluso son capaces de morder si es necesario), sudan la
camiseta hasta la última gota y siempre juegan al límite del reglamento, ellos
son el claro ejemplo de que jugando a tope se le puede ganar a cualquier rival,
y ellos lo hicieron con sus contrincantes más cercanos.
Para ir a ver el juego tuvimos
que caminar casi una hora para llegar el estadio y luego de un pequeño regalo
de un “pata” peruano, llegamos completamente motivados pero con el tiempo
encima. Nuestros lugares eran en la tribuna de Colombes, atrás de una de las
porterías; para cuando llegamos estaban por entonarse los himnos, en ese
momento introspectivo sentí esa sabrosa sensación que da cuando se te pone la
piel de gallina de la emoción. El estadio ya estaba lleno nos acomodamos en
donde pudimos y presenciamos de un juego de gran nivel, donde Uruguay en el primer
tiempo fue más que Ecuador, y donde se fue ganando al medio tiempo con marcador
de 2 a 1. El segundo tiempo fue más trabado, e incluso en algunos lapsos
Ecuador parecía estar más cerca del empate con su futbol vertical, que Uruguay
de ampliar la ventaja, pero a final de cuentas la Celeste se quedó con el
triunfo, ante el apoyo incondicional de su público que no dejó de apoyarlos en
ningún momento.
El futbol es religión y el
estadio Centenario fue como estar parado en tierra santa, para de paso poder
cumplir con un sueño más dentro de nuestro viaje.
Vamo` Arriba Celestes, espero que
sigan jugando buen futbol comandados por su legendario entrenador Tavares, y
por sus grandes figuras Suarez, Muslera y Godín.
Escrito por David
Herrera González.
21 de Noviembre 2016.
miércoles, 30 de noviembre de 2016
82. BONDAD URUGUAYA Y LA AMABILIDAD DE SU GENTE.
BONDAD URUGUAYA Y LA
AMABILIDAD DE SU GENTE.
Uruguay es un pequeño país al sur del continente, un lugar bastante
tranquilo, donde los campos son verdes y la tierra es bondadosa, donde las
vacas son felices; donde las luciérnagas y los sapos son dueños de la
noche, donde distintas aves recorren la
costa y los campos, donde los paisajes son
mágicos y donde las personas tienen las mismas características de sus tierras.
La llegada a Uruguay representó
pasar del país más grande de Sudamérica, Brasil, al más pequeño. Un contraste
en todos sentidos: de ciudades llenas de gente a pueblos y campos tranquilos,
de la locura y el caos brasileño a la
calma campirana de una hermosa tierra gaucha.
La primera parada la hicimos en
Punta del Diablo donde nos encontramos con un pueblo fantasma, con una playa llena de dunas muy
peculiares y a tan solo unos kilómetros, con una reserva natural muy hermosa
llamada Santa Teresa, un lugar desolado, que en temporada alta nos dijeron que
se llena de gente.
Pero desde nuestra llegada notamos lo caro que era vivir en este país, en especial a nosotros, como viajeros, nos atacaba por el precio de las comidas y los hospedajes. Fue tan fuerte la impresión de los precios que llegamos a pensar que tendríamos que salir rápido del país, pero no fue así. En Uruguay había que cumplir con algunos sueños y este pedacito de tierra nos tenía preparada una gran sorpresa que estaba escondida detrás del corazón de su gente.
Pero desde nuestra llegada notamos lo caro que era vivir en este país, en especial a nosotros, como viajeros, nos atacaba por el precio de las comidas y los hospedajes. Fue tan fuerte la impresión de los precios que llegamos a pensar que tendríamos que salir rápido del país, pero no fue así. En Uruguay había que cumplir con algunos sueños y este pedacito de tierra nos tenía preparada una gran sorpresa que estaba escondida detrás del corazón de su gente.
El segundo punto que conocimos en
Uruguay fue la ciudad turística de Punta del Este, con su famosa escultura de
la mano (un monumento en homenaje a las personas que han perdido la vida en el
mar).
A nuestra llegada nos encontramos con unos días lluviosos que no nos dejaron generar y por el contrario nos fueron consumiendo el poco dinero que nos quedaba. Pero el primer día que trabajamos fue un domingo en el puerto de la ciudad, donde además de poder presenciar lobos marinos, nos encontramos con gente extremadamente amable y generosa. Con el dinero conseguido decidimos seguir avanzando en nuestra ruta uruguaya rumbo a la capital del país.
A nuestra llegada nos encontramos con unos días lluviosos que no nos dejaron generar y por el contrario nos fueron consumiendo el poco dinero que nos quedaba. Pero el primer día que trabajamos fue un domingo en el puerto de la ciudad, donde además de poder presenciar lobos marinos, nos encontramos con gente extremadamente amable y generosa. Con el dinero conseguido decidimos seguir avanzando en nuestra ruta uruguaya rumbo a la capital del país.
Pero nuestra posterior parada no
fue propiamente a Montevideo sino a un pequeño pueblo en el departamento de
Canelones llamado Suarez, allí nos recibieron nuestros amigos Nadia y Diego, a
quienes habíamos conocido en el norte argentino y que ahora nos recibían en
casa de la Abuela. Con ellos compartimos muchos días durante nuestra estancia,
muchos mates, mucha y muy deliciosa comida casera hecha principalmente por la
abuela (aunque también los muchachos nos deleitaban con sus tortas fritas y sus
empanadas), noches de ver el televisor como
una familia y de jugar cartas; en fin gente maravillosa con un gran
corazón que muchas veces nos ofrecían más de lo que tenían con tal de hacernos
más cómoda y placentera nuestra estancia. La Abuela, Nadia y Diego nos trataron
como si fuéramos parte de su familia, y por ende ellos se convirtieron en
nuestra familia uruguaya. En lo personal el estar en casa de la abuela me
recordaba cuando yo me juntaba a visitar a mi abuelita hace algunos años, eso me
hizo sentir ese amor de hogar, y me hizo recordar mucho a mi abuela que
falleció cuando yo estaba en El Salvador, ya en pleno viaje.
De Uruguay todavía íbamos a
conocer dos puntos más, Montevideo que es la capital más tranquila de
Sudamérica, y más fugazmente la antigua ciudad de Colonia de Sacramento donde aparte
de probar el famoso chivito, pudimos conocer el centro histórico con su famoso
faro y desde donde posteriormente nos despedimos del país tomando el barco para
cruzar a Buenos Aires. Pero me gustaría hablar un poco más de Montevideo, a
esta ciudad la conocimos conforme se nos
fueron presentando las necesidades, anduvimos moviéndonos mucho de un lado a
otro, siempre caminando, algunas veces con maletas, otras no; algunas
trabajando con las marionetas, otras para tomar los buses; caminando para
llegar al Palacio Legislativo en busca de Mujica o rumbo al estadio para cumplir el sueño de
ver a la selección; bueno, pero lo que cabe destacar es que durante todo
nuestro tiempo en la tranquila capital siempre nos encontramos con personas muy
amables que hicieron nuestra estancia más fácil. Aquí creo conveniente retomar
una conclusión a la que llegue sobre LOS URUGUAYOS: son gente con la que se
puede hablar, tienen mucho sentido común (el cual en las sociedades modernas
pareciera no ser tan común últimamente); a veces son demasiado correctos, pero
son personas con la que se puede tranquilamente entablar una conversación en un
plano amigable, gente que le es fácil ayudar a los demás, que a veces pueden
parecer fríos en sus expresiones de alegría, pero que en el fondo de sus
sonrisas se les alcanza a percibir todo ese calor que emanan sus corazones.


En Uruguay pudimos sobrellevar la
situación de los precios gracias a que la gente en las plazas del centro y en
el Parque Rodó (donde los atardeceres son fantásticos) siempre nos colaboraron
de la mejor manera con una muy buena actitud para escucharnos y para disfrutar
de lo que hacíamos, así como para colaborarnos con dinero para poder continuar
con nuestro viaje.
Aparte del agradecimiento a toda la gente que nos colaboró en la calle con lo de las marionetas del Chavo, también hay que agradecer a la gente del Hostal Planet por el trato y por guardarnos las mochilas todas las veces que lo ocupamos, a Fabián, Marcos y Lucy del Hostal Blanes por permitirnos quedarnos y manejarnos como a nosotros nos era más fácil, a Ana de Argentina por recibirnos en su departamento, y a ella y a Angela, colombiana, por la cena que nos invitaron; al gran Pablo Pipolo quien aparte de mostrarnos la sala principal del Teatro el Galpón el día que lo conocimos también tuvo el enorme detalle de regalarnos unos boletos de cortesía para ver la obra en la que él actuaba.
Aparte del agradecimiento a toda la gente que nos colaboró en la calle con lo de las marionetas del Chavo, también hay que agradecer a la gente del Hostal Planet por el trato y por guardarnos las mochilas todas las veces que lo ocupamos, a Fabián, Marcos y Lucy del Hostal Blanes por permitirnos quedarnos y manejarnos como a nosotros nos era más fácil, a Ana de Argentina por recibirnos en su departamento, y a ella y a Angela, colombiana, por la cena que nos invitaron; al gran Pablo Pipolo quien aparte de mostrarnos la sala principal del Teatro el Galpón el día que lo conocimos también tuvo el enorme detalle de regalarnos unos boletos de cortesía para ver la obra en la que él actuaba.
Otra cosa curiosa que nos pasó en
Uruguay, fue el habernos encontrado la mayor cantidad de mexicanos desde que
salimos de nuestro país, pues en los hostales y en las calles coincidimos con
muchos; además pudimos participar en un evento del Día de Muertos en el Teatro
Galpón gracias a la invitación de Dulce con quien luego compartimos unos buenos
sopes de maíz con una salsa picosita, un verdadero manjar para un paladar que
lleva más de un año sin probar algo semejante.
Al final Uruguay queda en mi
memoria como un lugar lleno de paisajes hermosos, con playas de dunas con
características únicas, con campos verdes, y con gente excepcional; gente
humilde de corazón que le es fácil ayudar a los demás y que solamente buscan
ser felices y no se hacen mucho problema. Como lo dice el que hasta hace poco
era su presidente, José Mujica: “No hay que acumular más de lo necesario, hay
que mantener la vida simple”.
Al final de cuentas resalto la
humildad, la educación y las ganas de ayudar de los charrúas.
Escrito por David
Herrera González.
(Edición del texto y Fotografías por
Julieta D’Ambrosio)
25 de Noviembre de
2016.
viernes, 11 de noviembre de 2016
EL SUEÑO DE CONOCER A CERATI.
EL SUEÑO DE CONOCER A CERATI.
Unas semanas antes de llegar a la
Ciudad de la Furia, todavía del otro lado del Río de la Plata, en Montevideo. Entrada la noche, volví al hostal, entré al precario cuarto
que se ubicaba en el subterráneo de una construcción vieja, la luz que se filtraba por la persiana hacía
un efecto de rombos contra la pared, yo tenía la mente inmiscuida en un mar de
dudas, bastante aturdida por cuestión de amores, así que mejor me dispuse a dormir,
me quité el abrigo y en llamas me acosté.
Después de unos minutos estaba
completamente dormido, mis sueños sólo reproducían una rima medio adormecida
con todas las palabras que finamente flotaban dentro de mi cabeza y el eco
saturado de mis latidos marcaba el ritmo de mi sueño. Fue como a las cuatro de la
mañana que de pronto se desordenaron los átomos y lo hice aparecer, estaba
frente a la imagen de Gustavo Cerati, quien seriamente me dijo que a él solía encontrársele en
cualquier lugar, y que nada era casualidad; le pregunté cómo le gustaba que le
dijera (Gus, Tavo, o Cerati), él me dijo que le era irrelevante lo del nombre
y posteriormente me invitó a comer algo, pero aclaro que teníamos
que ir a otro lado porque solamente tenía tarjeta y no podía pagar con efectivo
en los restaurantes que súbitamente se aparecieron en el escenario de mis
sueños; sugirió que nos quedáramos atentos por las siglas de los siglos y de
pronto el plan de ir a comer cambió por el de ir a dar un paseo transgrediendo
sueños, un paseo tan inmortal como inmoral, eso era como una especie de sueño para mí (un
sueño dentro de un sueño). En lo personal no sabía por dónde comenzar el recorrido, hasta que busqué detrás del corazón moviéndolo
lentamente, de pronto ya estábamos arriba de una lancha navegando juntos,
como un par de prófugos.
La vuelta por el universo con este
genio musical se entremezcló entre sus letras y mis memorias de viaje. Íbamos
por el cauce de un río, muy probablemente en el cielo, donde se sentía que todo
giraba: giraba el sol, giraba el mundo, giraba Dios. La pequeña embarcación
comenzó a circular por las aguas lentas y marrones en medio de un ambiente
selvático lleno de vegetación parecido a lo que yo viví en el Amazonas
Ecuatoriano, donde los pájaros eran árboles, en lo idéntico de la soledad; desperdigados
por fantasías sin fin, se nos apareció un animal raro, Cerati me dijo que era
un animal en forma de canción, una canción animal. De pronto, lapsos del sueño
me llevaron a intercalar conversaciones con él, donde el escenario natural se
desvanecía quedando atrás, sólo veía su rostro, y se escuchaban sus proféticas
palabras que decían así, “siempre fue divertido correr, dejar este mundo detrás
y no tienes que esperar a que el tiempo venga por tí, recuerda que siempre es hoy”.
Estaba concentrado escuchándolo
cuando de pronto mágicamente el escenario cambió. Todo era obscuridad, inmersos en medio de la noche, íbamos de nueva cuenta en la
embarcación pero el panorama ahora era
muy tenebroso, la lancha comenzó a moverse, las señales luminosas que indicaban
los límites de velocidad a la orilla del río comenzaron a balancearse de un lado al otro a la par del viento, y en la obscuridad del agua
comenzaron a brillar las mareas. Cerati sugirió que el mareo que estábamos sintiendo
se debía al verde profundo del mar, el aire era sólo un detalle infinito dando
vueltas y que ese brillo podría ser el reflejo de las memorias de un amor de
ultramar. A primera instancia me resultó complicado entender sus palabras, por lo que me quede reflexionando unos instantes.
Pero el sueño tenía que terminar
tarde que temprano, fue así como de pronto se fue en otra lancha distinta a la
mía y susurrando escuché decir sus últimas palabras: “No lo sé, ¿cuánto falta?,
no lo sé, ¿si es muy tarde? no lo sé, si me olvidas moriré… ¿Qué otra cosa
puedo hacer?.....”
Al final este sueño quedó sin
resolverse, pero puedo decir que este viaje por Latinoamérica me hizo cumplir
el sueño de conocer a Cerati. Los sueños ayudan a hacer cosas imposibles, y uno
siempre merece lo que sueña.
Texto inspirado en la admiración que tengo por la música y poesía del
genio inmortal Gustavo A. Cerati, por la pasión que tengo por viajar, por las
ganas eternas de soñar, y por mi mente que cuando estoy dormido le gusta
divagar.
David Herrera González.
Octubre 2016.
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