viernes, 12 de septiembre de 2025

Salud por el Pepe. (QEPD José Mujica)

 

Salud por el Pepe.

A pesar de que ya era inevitable, me duele mucho enterarme de la muerte del gran Pepe Mujica. Al recibir un mensaje de un amigo que decía salud por el Pepe, lo primero que se me vino a la mente fue que ya se nos había ido, pero no quería creerlo, le pregunte que por cual Pepe, y en eso comencé a ver en la red las noticias, se nos ha ido un grande, tal vez el más grande político que ha dado Latinoamérica, también me gusta considerarlo un revolucionario, pues logró llegar a lo más alto de su país, tratando de cambiar muchos de los círculos viciosos de la política actual.

Quiero recordar, como una especie de ofrenda para su alma, el día que recibí un par de cachetaditas de abuelo de sus propias manos allá en Montevideo.  Grande Pepe, siempre te recordaré y cada que escuché alguna de sus ponencias voy a tratar de estar atento para aprender lo más que pueda, pues de ese gran viejo, se pueden aprender muchisisisisimas cosas.

Siento que es de esos personajes que a pesar de ya no ejercer mucho, su simple presencia le va a hacermucha falta a su país (Urugay), a su raza (humana, pero sobre todo latinoamericana), y a su mundo (planeta tierra).

Descansa en Paz Mujica, bonita luz en tu camino. Que lo que sembraste en vida un día nos ayude a cosechar lo que siempre deseaste, un mundo mejor.

Sin duda alguna, la persona a la que más me enorgullezco  de haber estrechado la mano. Obviamente que hay estrechones de mano, que valen oro, pero haberlo hecho con una persona admirada y de la calidad humana del Pepe, ese recuerdo lo tengo tatuado en el corazón.

13-mayo-2025.

RIP José Mujica.

 

domingo, 4 de diciembre de 2016

81. DICHOSOS USTEDES QUE VIAJAN.



DICHOSOS USTEDES QUE VIAJAN.

                                “La vida es un viaje. Hay que vivir con lo necesario, pero tener tiempo para vivir.”
José Mujica.

CONOCIENDO AL PEPÉ MUJICA.

Hace más de dos años en la ciudad de Aguascalientes, México decíamos: “si algún día llegamos a Uruguay, estaría de lujo tomarnos una foto con Mujica”.


Desde hace algunos años yo dejé de creer en la política, pues siento que los partícipes de esta antigua disciplina hace mucho tiempo que dejaron de pensar en el bienestar del pueblo, ahora todo es cuestión de poder y de dinero, pero en Uruguay hace sólo unos años tuvieron un presidente que actuaba diferente. José, Pepè,  Mujica fue un presidente ejemplar que mandaba un mensaje de humildad y de inteligencia al decir que los presidentes deben de vivir como la mayoría  de la sociedad y no como la minoría privilegiada. Así que desde que yo comencé a saber de él, se convirtió en mi última esperanza en cuanto al renacer de la política, y es por ello que para mí representaba un sueño  poder conocerlo, estrechar su mano y tomarme una foto con él.

Desde que entramos a Uruguay nos propusimos hacer todo lo posible por cumplir nuestro sueño de sacarnos la tradicional foto de las banderas con Mujica, desde que comenzamos a preguntar la gente nos decía que era una persona bastante accesible y que era un gran tipo. Pero las cuestiones burocráticas hicieron un poco más complicado el asunto. De entrada nos decían que podíamos ir a visitarlo a su chacra donde tiene su humilde casa en la que cultiva flores, pero la dirección siempre fue difícil de ubicarla para nosotros, y el llegar hasta allá sin auto representaba un esfuerzo mayor. Pero por otro lado nos dijeron que ahora que él funge como senador, podríamos ir a buscarlo al Palacio Legislativo, así que por varios días fuimos al Palacio a preguntar, la policía de la entrada sin ningún procedimiento nos hacían pasar a la recepción donde todos los encargados nos explicaban que teníamos que llamar a un número para concretar  una cita con su secretaría personal, María. Así que después de varias visitas infructuosas decidimos intentar llamar, pero la llamada tampoco nos favoreció pues su secretaría nos tiró abajo cualquier posibilidad de verlo  pues el senador estaba muy ocupado ya que al siguiente día estaba por salir de viaje a Europa y regresaba en una fecha muy avanzada para nuestros planes de estancia en el país, así que ese mismo día fuimos al Palacio  e intentamos ver si podíamos encontrarlo, la gente de la entrada eran muy amables pero cuando intentaron comunicarse con la secretaría la respuesta fue un rotundo no. Por algunos momentos llegue a pensar que no se iba a dar la foto, pero uno de los recepcionistas del palacio le caímos bien, y nos indicó que esa tarde había sesión y que Pepe tenía que estar, así que nos indicó porque puerta era probable que llegare él. La sesión comenzaba a las cuatro y dicha sesión era a puerta abierta, por lo que con nuestras identificaciones podríamos pasar a presenciarla, así que con un clima nublado y con amenaza de lluvia estuvimos en la puerta hasta las cuatro y no pasó nada, pero en eso se acercó el mismo recepcionista y discretamente nos dijo cuál era el auto de Mujica,  nos explicó que en algún momento él iba a salir por la puerta y que allí tal vez podríamos encontrarlo. Nosotros a las cuatro con diez decidimos entrar a la sesión para ver si se encontraba Mujica, subimos las escaleras y  entramos, al muy bien decorado, palacio  lo primero que vimos frente a nosotros fue a un austero senador, sin corbata y portando una simple chamarra; apenas nos estábamos acomodando cuando se dio por concluida la sesión y tuvimos que salir casi corriendo a esperarlo a la puerta. Estuvimos unos veinte minutos esperando cuando de pronto Luis dijo  ahí viene Pepe, nosotros  tratamos de reaccionar con calma para no propiciar que ningún guardia de seguridad fuera a decirnos algo, le saludamos con un buenas tardes que fue cordialmente respondido, y cuando le pedimos que si nos podíamos tomar la foto con él  y que llevábamos más de un año viajando, Mujica nos dijo “Dichosos ustedes que viajan” , nos tomamos rápidamente la foto, intercambiamos un par de palabras, le dimos un par de halagos y finalmente él se despidió dandonos una pequeña cachetada en muestra de afecto, como lo hacen los abuelos. Al final y después de todo el lado burocrático me encontré con lo que me quería encontrar, una persona sencilla, un verdadero ejemplo de persona a la cual me gustaría que más gente escuchará y se dejará influenciar por su manera de pensar, de vivir, y de interpretar la  política y la realidad, pues como el predica, “La única adicción que vale la pena, es el amor”.


VAMO´ ARRIBA URUGUAY
Hace más de dos años en la ciudad de Aguascalientes, México decíamos: “si llegamos a Sudamérica nos tiene que tocar ir a un juego de eliminatoria para el mundial de futbol”.
“…Volveremo´ volveremo´, volveremo´ otra vez, volveremo´ a ser campeones como la primera vez…” (grito de batalla que se escuchaba en el Estadio Centenario.)
Para dos aficionados al futbol como Luis y yo, el asistir a juegos en Sudamérica siempre fue un objetivo del viaje, y más en especial poder asistir a un juego de eliminatoria mundialista donde pudiéramos ver buen nivel futbolístico y donde se pudiera ver a las más grandes estrellas del  futbol actual. Desde que entramos a Colombia nos tocaron varias fechas de eliminatorias, pero en ningún lugar se nos había acomodado ir. Fue hasta que Luis comenzó a predecir que en Uruguay nos tocaría estar en Montevideo para el juego entre Uruguay y Ecuador, cuando comencé a pensar que sí se podría dar, y como este viaje ha estado lleno de sueños cumplidos, el juego no sería la excepción.
El ver a Uruguay representaba la oportunidad de ver a uno de los más grandes jugadores de la actualidad, Luis Suarez, pero después me di cuenta que el asistir al Estadio Centenario representaba mucho más que eso. Uruguay fue el primer organizador de un mundial en 1930, y el estadio Centenario, con capacidad para 60 mil espectadores, es considerado por la FIFA como un Monumento Histórico del Fútbol Mundial, siendo la única construcción con esta denominación en el mundo. Así que estuve en un estadio por demás emblemático donde por primera vez se realizó una copa del mundo.
Uruguay ha salido campeón del mundo en un par de ocasiones venciendo a dos de los equipos más grandes de la historia, y que además resultan ser sus países vecinos, en 1930 derrotando a Argentina y en 1950 a Brasil, en el famoso Maracanazo. También ha sido campeón de quince Copas América y siempre ha ganado cualquier torneo realizado en su país. Lo que me llama la atención es el estilo de juego uruguayo, ellos no ganan jugando bonito como lo hacen sus países vecinos, ellos ganan con uno de los fundamentos más enseñados a todas las persona que alguna vez haya intentado jugar al futbol, ellos ganan con garra, no dan ninguna pelota por perdida, corren hasta el último minuto, no dejan respirar al rival (incluso son capaces de morder si es necesario), sudan la camiseta hasta la última gota y siempre juegan al límite del reglamento, ellos son el claro ejemplo de que jugando a tope se le puede ganar a cualquier rival, y ellos lo hicieron con sus contrincantes más cercanos.

Para ir a ver el juego tuvimos que caminar casi una hora para llegar el estadio y luego de un pequeño regalo de un “pata” peruano, llegamos completamente motivados pero con el tiempo encima. Nuestros lugares eran en la tribuna de Colombes, atrás de una de las porterías; para cuando llegamos estaban por entonarse los himnos, en ese momento introspectivo sentí esa sabrosa sensación que da cuando se te pone la piel de gallina de la emoción. El estadio ya estaba lleno nos acomodamos en donde pudimos y presenciamos de un juego de gran nivel, donde Uruguay en el primer tiempo fue más que Ecuador, y donde se fue ganando al medio tiempo con marcador de 2 a 1. El segundo tiempo fue más trabado, e incluso en algunos lapsos Ecuador parecía estar más cerca del empate con su futbol vertical, que Uruguay de ampliar la ventaja, pero a final de cuentas la Celeste se quedó con el triunfo, ante el apoyo incondicional de su público que no dejó de apoyarlos en ningún momento.
El futbol es religión y el estadio Centenario fue como estar parado en tierra santa, para de paso poder cumplir con un sueño más dentro de nuestro viaje.
Vamo` Arriba Celestes, espero que sigan jugando buen futbol comandados por su legendario entrenador Tavares, y por sus grandes figuras Suarez, Muslera y Godín.
Escrito por David Herrera González.


21 de Noviembre 2016.


miércoles, 30 de noviembre de 2016

82. BONDAD URUGUAYA Y LA AMABILIDAD DE SU GENTE.



BONDAD URUGUAYA Y LA AMABILIDAD DE SU GENTE.

Uruguay es un pequeño país al sur del continente, un lugar bastante tranquilo, donde los campos son verdes y la tierra es bondadosa, donde las vacas son felices; donde las luciérnagas y los sapos son dueños de la noche,  donde distintas aves recorren la costa y los campos, donde los paisajes  son mágicos y donde las personas tienen las mismas características de sus tierras.
La llegada a Uruguay representó pasar del país más grande de Sudamérica, Brasil, al más pequeño. Un contraste en todos sentidos: de ciudades llenas de gente a pueblos y campos tranquilos, de la locura y el caos brasileño a  la calma campirana de una hermosa tierra gaucha.
La primera parada la hicimos en Punta del Diablo donde nos encontramos con un pueblo  fantasma, con una playa llena de dunas muy peculiares y a tan solo unos kilómetros, con una reserva natural muy hermosa llamada Santa Teresa, un lugar desolado, que en temporada alta nos dijeron que se llena de gente.
 
Pero desde nuestra llegada notamos lo caro que era vivir en este país, en especial a nosotros, como viajeros, nos atacaba por el precio de las comidas y los hospedajes. Fue tan fuerte la impresión de los precios que llegamos a pensar que tendríamos que salir rápido del país, pero no fue así. En Uruguay había que cumplir con algunos sueños y este pedacito de tierra nos tenía preparada una gran sorpresa que estaba escondida detrás del corazón de su gente.
El segundo punto que conocimos en Uruguay fue la ciudad turística de Punta del Este, con su famosa escultura de la mano (un monumento en homenaje a las personas que han perdido la vida en el mar).
 
 A nuestra llegada nos encontramos con unos días lluviosos  que no nos dejaron generar  y por el contrario nos fueron consumiendo el poco dinero que nos quedaba. Pero el primer día que trabajamos fue un domingo en el puerto de la ciudad, donde además de poder presenciar lobos marinos, nos encontramos con gente extremadamente amable y generosa. Con el dinero conseguido decidimos seguir avanzando en nuestra ruta uruguaya rumbo a la capital del país.
Pero nuestra posterior parada no fue propiamente a Montevideo sino a un pequeño pueblo en el departamento de Canelones llamado Suarez, allí nos recibieron nuestros amigos Nadia y Diego, a quienes habíamos conocido en el norte argentino y que ahora nos recibían en casa de la Abuela. Con ellos compartimos muchos días durante nuestra estancia, muchos mates, mucha y muy deliciosa comida casera hecha principalmente por la abuela (aunque también los muchachos nos deleitaban con sus tortas fritas y sus empanadas), noches de ver el televisor como  una familia y de jugar cartas; en fin gente maravillosa con un gran corazón que muchas veces nos ofrecían más de lo que tenían con tal de hacernos más cómoda y placentera nuestra estancia. La Abuela, Nadia y Diego nos trataron como si fuéramos parte de su familia, y por ende ellos se convirtieron en nuestra familia uruguaya. En lo personal el estar en casa de la abuela me recordaba cuando yo me juntaba a visitar a mi abuelita hace algunos años, eso me hizo sentir ese amor de hogar, y me hizo recordar mucho a mi abuela que falleció cuando yo estaba en El Salvador, ya en pleno viaje.
De Uruguay todavía íbamos a conocer dos puntos más, Montevideo que es la capital más tranquila de Sudamérica, y más fugazmente la antigua ciudad de Colonia de Sacramento donde aparte de probar el famoso chivito, pudimos conocer el centro histórico con su famoso faro y desde donde posteriormente nos despedimos del país tomando el barco para cruzar a Buenos Aires. Pero me gustaría hablar un poco más de Montevideo, a esta ciudad  la conocimos conforme se nos fueron presentando las necesidades, anduvimos moviéndonos mucho de un lado a otro, siempre caminando, algunas veces con maletas, otras no; algunas trabajando con las marionetas, otras para tomar los buses; caminando para llegar al Palacio Legislativo en busca de Mujica  o rumbo al estadio para cumplir el sueño de ver a la selección; bueno, pero lo que cabe destacar es que durante todo nuestro tiempo en la tranquila capital siempre nos encontramos con personas muy amables que hicieron nuestra estancia más fácil. Aquí creo conveniente retomar una conclusión a la que llegue sobre LOS URUGUAYOS: son gente con la que se puede hablar, tienen mucho sentido común (el cual en las sociedades modernas pareciera no ser tan común últimamente); a veces son demasiado correctos, pero son personas con la que se puede tranquilamente entablar una conversación en un plano amigable, gente que le es fácil ayudar a los demás, que a veces pueden parecer fríos en sus expresiones de alegría, pero que en el fondo de sus sonrisas se les alcanza a percibir todo ese calor que emanan sus corazones.  


En Uruguay pudimos sobrellevar la situación de los precios gracias a que la gente en las plazas del centro y en el Parque Rodó (donde los atardeceres son fantásticos) siempre nos colaboraron de la mejor manera con una muy buena actitud para escucharnos y para disfrutar de lo que hacíamos, así como para colaborarnos con dinero para poder continuar con nuestro viaje.

 
Aparte del agradecimiento a toda la gente que nos colaboró en la calle con lo de las marionetas del Chavo, también hay que agradecer a la gente del Hostal Planet por el trato y por guardarnos las mochilas  todas las veces que lo ocupamos, a Fabián, Marcos y Lucy del Hostal Blanes por permitirnos quedarnos y manejarnos como a nosotros nos era más fácil, a Ana de Argentina por recibirnos en su departamento, y a ella y a Angela, colombiana, por la cena que nos invitaron; al gran Pablo Pipolo quien aparte de mostrarnos la sala principal del Teatro el Galpón el día que lo conocimos también tuvo el enorme detalle de regalarnos unos boletos de cortesía para ver la obra en la que él actuaba.

Otra cosa curiosa que nos pasó en Uruguay, fue el habernos encontrado la mayor cantidad de mexicanos desde que salimos de nuestro país, pues en los hostales y en las calles coincidimos con muchos; además pudimos participar en un evento del Día de Muertos en el Teatro Galpón gracias a la invitación de Dulce con quien luego compartimos unos buenos sopes de maíz con una salsa picosita, un verdadero manjar para un paladar que lleva más de un año sin probar algo semejante.
Al final Uruguay queda en mi memoria como un lugar lleno de paisajes hermosos, con playas de dunas con características únicas, con campos verdes, y con gente excepcional; gente humilde de corazón que le es fácil ayudar a los demás y que solamente buscan ser felices y no se hacen mucho problema. Como lo dice el que hasta hace poco era su presidente, José Mujica: “No hay que acumular más de lo necesario, hay que mantener la vida simple”.
Al final de cuentas resalto la humildad, la educación y las ganas de ayudar de los charrúas.

Escrito por David Herrera González.

(Edición del texto y Fotografías por Julieta D’Ambrosio)

25 de Noviembre de 2016.